SE DISPARAN LAS DENUNCIAS POR OKUPACIÓN DE SEGUNDAS VIVIENDAS.

El estado de alarma decretado el pasado 14 de marzo ha tenido muchas y diversas consecuencias, una de ellas tiene que ver con la okupación ilegal de viviendas. Aunque resulte curioso, las segundas residencias se han visto afectadas por este fenómeno, especialmente en los lugares de costa. Aunque, por el momento, las cifras oficiales del Ministerio del Interior no detectan un gran auge, sí que se están conociendo cada vez más casos debido a las denuncias en los medios de comunicación.

Las cifras oficiales registran 1.695 denuncias oficiales en 2020 frente a las 1.149 registradas en el periodo entre el 14 de marzo y el 31 de mayo. Aunque el crecimiento es notable, lo será aun más cuando se conozcan los nuevos datos, ya que la movilidad completa por todo el territorio no se aprobó hasta el pasado 21 de junio. Por tanto, cuando se tengan los registros de junio y también de julio se podrá tener una visión todavía más clara del aumento de estos delitos. En 2018, según el Instituto Nacional de Estadística, se dictaron 6.028 sentencias relacionadas con la okupación y se calcula que 90.000 domicilios fueron okupados. Actualmente, la cifra ronda los 100.000.

 

 

En 2018 el Congreso de los Diputados aprobó una ley que permitía el desahucio exprés en 20 días. Sin embargo, pese a que la normativa está de parte de los propietarios, las estadísticas siguen demostrando un aumento en el número de denuncias y casas okupas. La ley, aunque brinda más protección al propietario, también conlleva un desembolso económico que es alto, ya que se debe contratar un abogado, iniciar trámites jurídicos, etc. De hecho, son cada vez más los seguros del hogar que ofrecen este tipo de coberturas.

Una vez acabado el confinamiento son muchos los ciudadanos que acuden a veranear a sus segundas residencias y se encuentran con que su llave de siempre ya no abre la cerradura.

La okupación ilegal de las viviendas se ha convertido en uno de esos dramas que se están revelando una vez que ha terminado el estado de alarma. Durante esta semana de nueva normalidad, todos los días se ha conocido el testimonio de una persona que viajaba a su segunda residencia y no podía entrar porque… ya había gente viviendo dentro. Con el confinamiento, son muchas las casas que han estado vacías durante varias semanas porque sus dueños no se han podido desplazar y es ahora cuando se están encontrado con la sorpresa de que no puede ni abrir la puerta. Marbella es buen ejemplo de ello y todos los días sus agentes locales reciben alguna llamada relacionada con una ‘okupación’. En pleno centro, los vecinos se enfrentan a unos nuevos residentes que cada vez son más violentos y que son denunciados por generar numerosos conflictos con unos vecinos que, cansados de la situación, se han enfrentado a ellos en toda España, generando situaciones de tensión cada vez más insostenibles. 

Otro de los casos que se ha conocido esta semana es el de la doctora que tenía su casa vacía para estar más cerca del centro de salud de Reus en el que trabaja en primera línea contra el coronavirus y cuando se quiso dar cuenta ya le habían ‘okupado’ su vivienda, según cuenta Pilar (así se llama), su nuevo inquilino incluso intentaba empadronarse. Es un perfil que se aleja de las familias que lo hacen por necesidad. En la ciudad andaluza. Las personas que acaban entrando en una segunda vivienda suele ser porque han pagado a alguien a cambio de las llaves. Otros ‘okupas’ lo que buscan son viviendas propiedad de los bancos y cuyo desalojo se hace más complicado por todo el papeleo que deben afrontar las entidades desde que se produce el delito.

Una vecina de Espartinas (Sevilla), grabó con su propio móvil el momento en el que se estaba manipulando la caja de registros de su vivienda. Tras nueve días “sin poder dormir” los vecinos la arroparon en todo momento plantando cara a los ‘okupas’, quienes al final han desistido y se han ido. En algunas entrevistas los vecinos aseguraban que estaban allí porque habían pagado 400 euros a una persona por las llaves y otros 400 al cambiar el termo. Un final ‘feliz’, entre comillas porque se ha encontrado la casa un tanto destrozada, con lo que tendrá que afrontar numerosos gastos.

 

 

Son las denominadas mafias de la ‘okupación’ que van buscando viviendas vacías, rompen la cerradura y las ‘ponen en el mercado’. En Galicia hace una semana la noticia saltó cuando lo usurpado era una vivienda de lujo de 800.000 euros en una de las zonas más exclusivas de A Coruña. Ni el descuido que permitió a los vigilantes cambiar la cerradura les echó de la casa. Cerca hay otra vivienda ‘okupada’ a la que se le intentó cortar el agua pero alegaron que en la casa había menores. 

En la costa catalana las policías locales refuerzan la vigilancia en urbanizaciones por el incremento de ocupaciones.

En una casa arrancaron, lama a lama, la persiana de madera maciza de una de las ventanas. En la de al lado, abrieron los barrotes de hierro con un gato de coche. En ambos casos, en una urbanización frente a la playa de Creixell, la ocupación no llegó a materializarse y la policía local recomendó a los propietarios “no dejar la casa sola”. Tras los días de confinamiento estricto, las urbanizaciones de la costa han sido blanco de ocupaciones. El fenómeno ha obligado a las policías locales a reforzar la vigilancia y aun así en municipios tan turísticos como Cambrils o Salou, los Mossos han contabilizado 45 y 52 ocupaciones, respectivamente, durante los últimos meses, 10 y 22 más que durante el mismo periodo del año pasado.

“Intentaron arrancar la cerradura con unos alicates”, explica el vecino de un chalet de la urbanización Cambrils Mediterrani. Desde Cunit a l’Hospitalet de l’Infant, pasando por Torredembarra y Altafulla, no hay municipio costero donde no se haya producido algún intento durante las últimas semanas. Los okupas han aprovechado los meses de confinamiento para actuar. Lo han tenido más fácil en las comarcas de Tarragona, una de las primeras regiones sanitarias en entrar en las fases 1 y 2, con lo que se permitía la movilidad interna mientras las urbanizaciones estaban casi desiertas porque los propietarios de las casas son mayoritariamente de Barcelona, Lleida o Aragón, zonas que estaban en fases anteriores de desconfinamiento.

 

 

La baja densidad de vecinos en estas urbanizaciones ha facilitado que las ocupaciones, los intentos y también los robos pasasen bastante desapercibidos. Para los municipios más turísticos resulta un problema de lo más incómodo por la imagen que proyecta y son reacios a publicar los datos. Sin embargo, los Mossos corroboran la tendencia a la alza de ocupaciones en segundas residencias. Si bien en global las ocupaciones en el Camp de Tarragona han descendido un 8% (durante el confinamiento estricto prácticamente desaparecieron), sí han crecido en municipios turísticos de la costa y en total, entre enero y junio, se han registrado 954 ocupaciones.

Estas situaciones cada vez más alimentan el cansancio de los vecinos además del dueño de las propiedades y en alguna ocasión se les ha visto intentar echarlos a pedradas, como ya ha sucedido en Premiá. Tomarse la justicia por su mano nunca es la mejor opción, avisan los expertos. 

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Fuentes: La Información, La Vanguardia, LibreMercado.

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