Noviembre de 2019, Sevilla-Este.

Una pareja joven, con un hijo de tres años han trabajado duro para poder ahorrar los 3 mil euros que el banco les pedía de señal para comprar un piso en la Calle Baloncesto de la ciudad hispalense.

Están felices porque después de tiempos difíciles y duros podrán firmar el contrato que les permitirá disponer de un hogar en el que podrán ofrecer una vida digna a su hijo.

El lunes han quedado en la sucursal del banco para firmar el contrato de compraventa, pero no todo iba a resultan tan facil. Unos vecinos del inmueble avisan a J.U., de 32 años y su marido, que el piso del que dieron señal para su compra hacía dos días que fue okupado por unas personas. Ahí comenzó una pesadilla que en ningún momento pudieron imaginar les ocurriría a ellos.

Desde el primer momento los futuros propietarios tuvieron claro que no iban a negociar nada con el banco hasta que estos intrusos abandonaran el piso, pero lógicamente veían como se les escapaba la posibilidad de tener una vivienda digna por la que tanto habían luchado.

 

 

Sin embargo los okupas no tuvieron en cuenta la reacción del vecindario de la nueva familia. Éstos deciden organizarse y se plantan con cacharros de cocina ante el inmueble okupado para hacer ruido y denunciar la situación. Ante la cacerolada y la insitsencia de los vecinos que deciden no moverse de ahí hasta que alguna autoridad competente decida hacer algo al respecto, ocurre algo que incluso puede parecer un chiste. Los okupantes llaman a la policía para denunciar que delante de su casa hay un grupo de gente haciendo mucho ruido y que “les molesta” a ellos y a los 4 hijos que dicen vivir con ellos.

Al personarse la policía pidió permiso a los okupas para comprobar la situación, y si era necesario “negociar” una solución. Los ilegales se negaron a dejar pasar a la autoridad diciendo que tenían cuatro hijos y que no pensaban marcharse hasta el próximo martes. Según nuestras leyes la policía no podía actuar ya que habían pasado más de 48 horas desde la intrusión y, por otra parte, no se había interpuesto ninguna denuncia ya que la pareja que dio la señal aún no había firmado la compra de la vivienda, consecuentemente aún no constaban como propietarios del piso.

Los vecinos y los futuros dueños del piso no creyeron en absoluto la versión de los okupantes, y decidieron intensificar y prolongar la cacelorada hasta que consiguieron, de forma totalmente pacífica, que los okupantes abandonaran la vivienda por su propia voluntad ante la presión ejercida por el vecindario de la calle Baloncesto.

Una vez más tiene que ser la solidaridad de la ciudadanía la que ponga fin a una situación totalmente irregular e injusta que deja en total indefensión a una familia que con mucho esfuerzo ha conseguido comprar una vivienda para fundar un hogar.

Esta vez podemos decir que tenemos un final feliz!

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