Una vez más vemos que el problema de la okupación ilegal traspasa cualquier límite social para ser, cada vez más, una cuestión de delincuencia pura y dura que amenaza constantemente la convivencia en muchos barrios de las grandes ciudades.

Los vecinos de Padre Pío tienen miedo. Temen denunciar por posibles represalias. Es un problema de años atrás aunque la actual crisis de la pandemia ha disparado las okupaciones y con ellas la delincuencia en las calles del barrio. «Aquí tenemos delincuentes disfrazados de okupas. Si no se hace nada, terminaremos siendo un gueto para la delincuencia», alertan los residentes.

 

 

La barriada de Padre Pío-Palmete alza la voz para denunciar públicamente la inseguridad y el deterioro progresivo de esta barriada del distrito Cerro-Amate. En los últimos meses, sobre todo tras levantarse el confinamiento a finales de junio, el barrio no ha cesado de recibir nuevos inquilinos que «dan una patada a la puerta y se meten a vivir». Lejos de ser familias necesitadas de techo, aseguran los vecinos, detrás de ellos «hay una mafia organizada» de viviendas desocupadas, que se ha hecho fuerte estos meses y que ha terminado por controlar el barrio entero.

“Tenemos delincuentes disfrazados de okupas. El juego es el siguiente: entro con mi mujer y mi hijo para que así, con el menor por delante, se dé la imagen de familia necesitada ante los vecinos cuando pegue la patada a la puerta. Pasados quince días o un mes, el que ha entrado vende a otro su vivienda okupada por una cantidad de dinero, y se va a otra casa a repetir la operación”.

Los residentes de Padre Pío aseguran además que este entramado ilegal de compra-venta cuenta con todo tipo de mecanismos de ayuda dentro y fuera del barrio. “Los hay que reciben prestaciones por decir qué viviendas se han ido quedando vacías, comprando de esta forma su silencio. Pero también hemos llegado a ver hasta una furgoneta que simulaba ser de venta ambulante, pero realmente aprovechaba el recorrido por las calles para fotografiar aquellos inmuebles que estaban vacíos”.

Sin embargo, la cosa va más allá. Los vecinos relatan que el que okupa una vivienda se engancha a la luz y al agua, llegando incluso a romper acerados para dar con la acometida general, como puede verse el parcheo con solo darse un paseo por las calles. En su totalidad, los okupas emplean estos suministros robados para el cultivo de plantaciones de marihuana, con las que trapichean luego, además de otras sustancias estupefacientes.

 

Esta segunda acción repercute a su vez en un aumento progresivo de la delincuencia. Hay un aumento exponencial de robos a viviendas, y hasta peleas entre grupos o clanes dentro de establecimientos del barrio. De día o de noche. Lo peor, aseguran los vecinos, es que no se llega a presentar denuncia por miedo a represalias, aunque estos hechos se hayan multiplicado en los últimos meses. “Aquí hemos visto excesos de velocidad con los coches, riñas, palos, pinchos, catanas… y hasta ajustes de cuentas encubiertos en accidentes mortales. La gente tiene miedo porque es una mafia que actúa con total impunidad. No es que miremos para otro lado. Es que lamentablemente tenemos que vivir aquí, y tememos que hagan algo a nuestros hijos y familiares; o a nuestros negocios o propiedades”.

Pese a todo, explican que están en permanente contacto con el distrito municipal, al que informan de esta situación preocupante. “Venimos pidiendo presencia policial para todo el barrio, ya sea Nacional y/o Local. Igualmente nos consta que Emvisesa, a la hora de facilitar el acceso a la vivienda a personas y familias desfavorecidas, ha repercutido de manera negativa en el vencindario, ya que de ninguna manera hubo integración por parte de estas familias, agravando la convivencia. Queremos ver gente con uniforme allí, haya un agente que vele por la seguridad de los vecinos. Ahora por la presión vecinal, está viniendo algo más la policía, pero esa no es la solución para esta espiral de delincuencia y violencia que sufrimos”.

En este sentido, desde la entidad vecinal se critica duramente la pasividad» del gobierno municipal  ante la falta de una respuesta contundente a este problema de convivencia y de seguridad ciudadana. “En este barrio, como no se haga nada, vamos camino de ser un gueto donde la delincuencia campea a sus anchas por la ausencia de policía. No sabemos si se trata de una estrategia política, o es que a alguien le conviene dejar abandonado este barrio de gente trabajadora y humilde”.

Por último, los vecinos de Padre Pío están dispuestos a pasar a la acción y anuncian movilizaciones. “Lo hemos hecho este verano, tapiando como iniciativas vecinales una vivienda para evitar nuevas okupaciones. Hace cuarenta años, ya lo hicimos; y ahora no nos importa repetir y hacer patrullas vecinales por las calles para ahuyentar esta mafia que controla el barrio y altera nuestra convivencia. No vamos a permitir que dejen morir este barrio”.

 

Fuentes: ABC, Diario de Sevilla

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