Las últimas semanas nos han dejado unos hechos que han pasado prácticamente desapercibidos en los medios generalistas.

A finales de octubre Victoria de Castro de 94 años y vecina de Portugalete (Bizkaia) regresaba a su casa en el número 66 del Grupo Progreso después de visitar durante unos días a su hermana que padece unos problemas de movilidad, lógicos a sus 97 años.

Victoria es una mujer soltera y sin hijos, vive en esa casa desde 1931; prácticamente nació en esa casa. No pudo entrar, alguien había cambiado la cerradura. Posteriormente supo que allí vivía una familia que no conocía de nada, “Victori” (tal como la llaman los vecinos) estaba confusa, no comprendía la situación, se imaginaba otras personas durmiendo en su cama, cocinando en su cocina. Ahí dentro están los recuerdos de toda su vida.

Unos vecinos la acompañaron a la Ertzaintza a poner la denuncia. Victoria, aún confundida, contó a la policía que había ido unos días a visitar a su hermana. Lamentablemente eso hace que su denuncia se esté tramitando por Okupación. Nadie le aconsejó que dijera que había salido un rato a pasear y merendar con las amigas, por ejemplo. Si hubiese declarado eso, la denuncia se tramitaría por allanamiento de morada y los plazos para su resolución se acelerarían enormemente.

 

 

Las personas que okuparon su casa sí conocen perfectamente la diferencia entre allanamiento y okupación porque en realidad son unos profesionales que viven de la extorsión a personas vulnerables. Saben muy bien los pasos que dan para que resulte muy complicado desalojarlos. Vigilan y cuando ven a un propietario (suelen ser de avanzada edad) que salen con maletas entran y cambian la cerradura, a veces van con niños pequeños y en algunos casos incluso se empadronan en el piso. Si intuyen que el propietario tiene dinero intentarán negociar un “rescate” para abandonar la casa a cambio de una cantidad, si no lo tiene se harán fuertes y alargarán su estancia todo lo que la justicia les permita, y por desgracia la justicia es lenta, en ocasiones muy lenta.

Victoria rogaba a los okupas que la dejasen entrar al menos a recoger su ropa y algunos enseres, pero fue inútil. Pero es una persona querida en el barrio y sus amigos y vecinos deciden movilizarse para plantar cara a esa gente que la ha echado de su hogar. Al día siguiente se concentran delante de la casa centenares de personas, tantas que la policía se ve obligada e enviar varios furgones para desalojar la zona, pero los vecinos no se iban. La situación llegó a tal punto que los okupas finalmente solicitaron la ayuda de la Ertzaintza para salir de allí.

La okupación ha durado apenas 5 días. Victoria ha podido volver al hogar de toda la vida, pero aún no acaba ahí su calvario. La denuncia sigue su proceso y en unas semanas se verá la vista para resolverla, probablemente los denunciados ni tan solo se presenten.

 

 

Un caso muy parecido se dio hace solo un par de semanas en el barcelonés barrio de Gracia, concretamente en el número 78 de la calle San Salvador. Teresa Rosilla Belmonto de 88 años se fue dos meses de vacaciones a casa de su hija en Tarragona. Y durante ese tiempo alguien aprovechó para instalarse en la vivienda donde había vivido los últimos 79 años.

Uno de sus nietos acudió a la casa pocos días antes que su abuela regresara para comprobar que todo estaba bien y se encontró con la sorpresa que habían cambiado la cerradura. Inmediatamente llamó a los Mossos d’Esquadra.

Mientras esperaba la llegada de la policía Iván (el nieto de Teresa) podía escuchar las voces de una mujer y los llantos de un niño pequeño en el interior. Lamentablemente los Mossos no pudieron hacer nada, ni tan solo les abrieron la puerta. Había pasado demasiado tiempo desde que okuparon la casa y ahora ya no se puede hacer nada, toca esperar a que la justicia resuelva…y eso puede llevar hasta 8 meses de tiempo.

Teresa está desesperada, no comprende nada de lo que está ocurriendo y entre lagrimas repite una y otra vez que uno de sus hijos nació en esa casa y ahí crio a su familia.

Ahora Teresa está viviendo con su hija en Tarragona esperando que le sea devuelta su casa.

Casos como estos ocurren a diario en nuestro país. Y solo quien lo vive es consciente del drama que supone encontrarse de repente en la calle, sin poder acceder a su casa.

En STM Seguridad insistimos siempre en que es necesario tomar medidas preventivas cuando vayamos a ausentarnos de casa durante un período de tiempo.

Éstas son algunas cosas que nos ayudarán a mantener nuestra vivienda más segura durante nuestra ausencia:

– No decir a nadie que no sea de tu confianza que te vas de casa por una temporada

– Iluminación interior programable

– Dejar persianas sin bajar del todo

– Mantener nuestro buzón vacío

– Mostrar cierta actividad en tu balcón

– Mantén el jardín y las plantas

– Cuidado en el felpudo de la puerta de entrada

La mayoría de estas cosas las podemos solucionar dejando las llaves a un vecino o familiar de confianza y pedirle el favor.

Y, por supuesto, si la ausencia va a ser larga, la mejor solución es, sin duda, nuestra puerta STM antiokupación que puedes alquilar por el tiempo que desees y tener tu vivienda protegida totalmente.

 

Noticia redactada por el Dto. de Comunicación de STM Seguridad.

Fuentes: El Diario Vasco, El País, La Vanguardia, Deia

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